Un Bloody Mary por favor
Hola, la resaca que estoy padeciendo en estos momentos ha conseguido dejarme en un estado semivegetativo que me imposibilita chapar para los examenes, asi que ahora que tengo tiempo, actualizare un poquito esto. Ya que ahora sufro las consecuencias del alcohol, os hablare un poco sobre lo que ocurrio una noche de luna llena, en la que los astros se alinearon de nuevo para joderme un poco.
Hace hace un tiempo, un jueves, decidimos hacer algo diferente, para variar, y me apresuré con mis compañeros lisboetas hacia una cocktelería, en Talavera. Al entrar y acercarnos a la barra el camarero nos abordó casi instantáneamente y nos preguntó lo que queríamos. Ante las milésimas de segundo iniciales de duda, mi siempre traicionero espíritu aventurero pudo más y pedí decididamente un Bloody Mary. Un aire de majestuosidad se dibujaba en mi semblante y mi halo de superioridad era palpable por todos, pero no dudaría mucho, como pronto comprobareis. Tras mi elección, Javi y Silvia se decidieron por sendos Cosmopolitans y Cata por un Mojito (o era Caipirinha?, siempre los confundo).

Tras unos momentos de impaciencia en la elaboración de los piscolabis, que fueron llegando escalonadamente, me dirigí impaciente hacia mi sangrienta bebida. Tras el primer sorbo mi ceño se frunció y la sombra de una duda apareció en mi cara. Pensé que quizá el camarero no lo había mezclado bien, así que decidí mover la pajita impacientemente para descubrir que tal vez se habían olvidado del ingrediente fundamental en un cocktail hecho con alcohol. Para el que no lo sepa, un Bloody Mary está hecho con vodka, zumo de tomate y unas gotas de tabasco, pero en mi vaso tan solo se diferenciaban los dos últimos ingredientes. ¡Guate, aqui hay (solo) tomate! es lo que debí decir. Mis acompañantes confirmaron mis malos presagios. Debí suponerlo ya que el tamaño de las mesas y sillas era minúsculo, al igual que la cantidad de vodka de mi cocktail... y probablemente también el tamaño del aparato reproductivo del bar-man, que también sería infimo e irrisorio... Maldito calvo.

Las bebidas de mis compañeros dejaban también algo que desear, pero no eran tan vergonzosas como la mía. Los Cosmopolitan, al menos el de Silvia, no tenían demasiado alcohol, creo que el de Javi si, por lo que dijo. Cata, en cambio, fue el más afortunado. ¿Por que siempre me pasan estas cosas a mi? La loteria no, pero para estas cosas soy como un imán. En fin, como bien dijeron mis acompañantes probablemente mi cutis habrá mejora con el tomate, en favor también de mi hígado.
Para desquitarnos de ese horrible lugar nos dirigimos a otro en el por lo visto también servían preparados. Esta vez me tragué mi curiosidad y pedi lo que el resto, un mojito (o caipirinha? mi alzheimer crece por momentos). Debía haber luna llena esa noche, porque, ohhh, que lástima, no quedan limones. ¿Qué se le va a hacer? Pasé de tonterías y me pedí un triste tercio para concluir una noche de cocktails pseudo-lamentable.
No, para los graciosillos, no tuve ninguna pesadilla en la que Tom Cruise se aparecía preparando bloody-marys.
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