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El Blog de Alini

Lisboa

Comienzo el "corta y pega" con la escapadita a Lisboa. Que todos sepais que me lo he pasado teta, a pesar de que casi tengo que abofetear a mis compañeros de viaje por tocarme los huevos sobremanera. Aparte de esos pocos momentos de crisis, el resto del viaje ha sido la leche. La ciudad es increiblemente bonita, las lisboetas no tanto, debe ser que con el viento que hace la belleza se marcha volando.
Las recepcionistas o lo que cojones fueran del albergue-hostal-pension no solo eran unas pesadas, sino que a ello sumaron un alto grado de retraso mental, como pudimos comprobar justo antes de irnos cuando nos lanzaron las prendas que nos habíamos dejado en la habitación desde un 4º piso: Alucinante.
Viernes:
Despues de unas 5 horas de viaje y de tomar posesión de nuestros muy humildes aposentos, nos dirigimos a conocer los antros de la zona: El de las lechugas por lamparas era realmente encatador. Tras el par de cervezas de rigor, lo que tocaba era degustar una suculenta cena a base de sandwiches de caballa con tomate y embutidos varios: todo un manjar. Para hacer avanzar tan duro trago, lo mejor, ya se sabe: copas de negrita, creo que cuando descubri que no teniamos vasos de tubo, sino sus hermanos pequeños de cristal, mi sentido aracnido me advirtió, ya que tuve la sensanción de que sería una noche memorable. Aunque de camino a la habitación tuvimos que ver como la casera explicaba a una japonesa como usar una manta (si es que es normal, las mías venían también sin instrucciones), y no solo eso, sino la devastadora y terrible visión de una torreznada tumbada en bragas de pata (!!!!!!!) encima de su cama, con la puerta abierta. Y todo ello después de haberme duchado en el cuarto de baño más pequeño de la historia, no podía moverme dentro de la ducha, por no hablar de que tenia que entrar en ella de lado. La taza estaba colocada de tal forma que si querías levantar todas las tapas, no se tenían sola, había que sujetarlas!!!! Y la hora de secarme ya fue todo un reto, sabía los lugares que aún estan mojados porque coincidían con los moratones de los golpes recibidos con cada movimiento. Ortega Lara a mi lado disfrutó de un palacio. Cómo no iba a lanzarme a la botella para tratar de olvidar?????. Esa casa parecía el camarote de los Hermanos Marx.
A eso de la 1 de la madrugada nos dirigimos hacia la zona del Barrio Alto y el Chiado para ver que se cocía por allí. Fue un problema llegar medianamente rápido, porque aparte de tratar de recuperar el aliento, alguien te para para ofrecerte hachis, mariahuana, cocaina... que amables estos portugueses!
"Alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual", esa es la banda sonora de la noche. Yo sinceramente y desde el fondo de mi corazon recuerdo haberme tomado tan solo 3 caipirinhas, tal vez 4, segun el resto, fueron algunas mas... puede ser, ya que no es lo único que no recuerdo. Debió haber una hora crítica en la que tenía el higado como el de una oca y no consigo recordar muchos de mis actos. Invito a los que estuvieron conmigo a que reflejen cuales fueron exactamente. Javi, Cata, Silvia: mis lectores os necesitan, agregad un comentario para rellenar el hueco que queda en blanco en este blog y también en mi memoria.
Tras el posiblemente bochornoso espectaculo, la noche siguió hacia un garito llamado Europa, situado en un lugar perdido de la mano de Dios, sobre todo si tenemos en cuenta que la polícia no sabia donde estaba (y estaba en una calle medianamente ancha y en un lugar más o menos céntrico). Puede que un policia no sepa donde esté, pero cuando coje el telefono y se pone a llamar a sus compañeros para averiguarlo y siguen sin indicarnos, el nerviosismo le invade a uno... a que cenagal infecto nos dirigiamos??? Nunca lo sabremos, ya que tras montar en el taxi y encontrar la calle que buscábamos, la cola que hicimos y el lugar al que fuimos no eran los que pensabamos... pero lo descubrimos a la hora del cierre, cuando nos fuimos y vimos que el tal Europa, era el local de al lado. En vez de eso conseguimos meternos en un lugar digno de mención. Cata tiene gratos recuerdos de alli, pues su sombrero casi provoca un conflicto internacional (Puto portugues de los cojones).
La vuelta se hizo dificil. Con los corazones decaidos, el alma tocado y el higado hecho paté conseguimos llegar a lo que deberíamos llamar casa (nunca fue un hogar). Además hubo que aguantar gilipolleces de la casera por llevarnos las llaves de la habitacion. "Y nosotros que cojones sabemos? si no lo explicas no sabemos nada". Eso debimos decir y no solo persarlo, después del trato recibido, pero no estabamos en condiciones, dijimos que si a todo y nos fuimos al sobre. Yo debí perder el conocimiento y entrar en coma, ya que a la mañana siguiente desperté en la misma postura en la que había caido y no habia ninguna arruga en el resto de la cama. Conde Drácula me llamaban... que cabrones.
Sabado.
El sabado según me despierto descubro que convivo con una piara de cerdos. Llamar leonera a la habitación, salvo mi ataud, es decir poco y queda confirmado por ese "Mamma mia" que exclamó desde el pasillo la casera. Quizá fuese la visión de los vasos de cristal con el alcohol de la noche anterior, o las cuatro botellas colocadas estrategicamente para alcanzar la perfección zen, el caso es que la mujer pretendía hacer las camas!!!!  "Tu misma, pero te vas a tirar un rato en ordenar todo". Nosotros, mientras nos vamos a comer y a conocer Lisboa. Comí dorada, muy buena, por cierto, en la terraza de un restaurante, aunque tuve que vermelas con las palomas, las muy zorras no se asustan cuando tratas de espantarlas y literalmente pasan por debajo de tus piernas.
De la ciudad, que contar? Hay que verlo. Lo teneis en las fotos. Es realmente preciosa. Las casas de colores y con ese estilo tan peculiar son fantásticas y los tranvías y el empedrado de la calzada le dan un toque a ciudad antigua realmente delicioso. Lo peor pueden ser las cuestas, pero también le dan cierto encanto ya que sin ellas no podrían verse esas panoramicas desde lo alto en la que los tejados parecen escalones y la ciudad una enorme escalera que sube y baja en multitud de direcciones.
Javi y yo decidimos conocer el Castillo de San Jorge, ya que no habíamos ido, y mientras Cata y Silvia, que si lo habían visitado anteriormente fueron a tomar algo por ahí. El castillo es muy bonito y tal, pero lo mejor son sin duda las vistas que hay de toda la ciudad.
Tras patearnos literalmente la ciudad nos dirigimos a calmar nuestra sed, esta vez con un suculento helado en Ben & Jerry’s. Todavía recuerdo el orgasmo que tuve mientras me lo cómía: El nombre era Cherry García (una estupidez), era de cerezas y tenía chololate liquído por encima, ya estoy salivando de nuevo, como el perro de Paulov. No recuerdo nada especialmente peculiar salvo subirnos a un tranvía y recorrer la ciudad.
Tras la sesión de zampa y ducha, esta vez en un baño no tercermundista, volvimos a iniciar la noche a base de Negrita, aunque con mucha más calma, ya que el PH no estaba todavía equilibrado. Nos fuimos de nuevo a la zona del Chiado, que se asemeja a Malasaña, pero los garitos abren sus puertas y dejan que salgas con lo que te estés tomando, con lo cual, la calle se llena de individuos que se saludan de forma extraña: entre tios parece que la colleja se estila mucho y si hay una chica por medio tan solo la dan un beso en una mejilla... será por lo feas que son??? Decidimos hacer la noche por alli más corta, aunque con el cambio horario con eso del verano hubo problemas a la hora de saber el momento de la noche en el que estabamos. Compañeros de viaje, podeís reiros todo lo que queraís, pero "no llevamos tanto tiempo aqui".
Cogimos un teki y nos fuimos a una discoteca junto al rio: Lux. Un sitio la ostia de chulo, con dos plantas enormes, una terraza con vistas al rio y un detector de metales en la entrada, por el que curiosamente no pasamos. Debió de ser el premio a esperar pacientemente durante 50 minutos en una interminable fila. El sitió mereció la pena ya que allí si había chicas guapas, especialmente la camarera que me puso mi copa (por llamarlo de alguna forma). Creo que es la chica con la cara más bonita que he visto en persona, pero realmente la recordare por servirme una copa de ron con limón de una botella de dos litros que hacía semanas que había perdido el gas. El Oporto que nos tomamos antes si estaba muy bueno, aunque nos debieron ver cara de inexpertos en esto de la enología, porque los recipientes eran de un tamaño minúsculo, por no hablar de que de primeras no querían servirnos (Cata, hay que mejorar ese acento portugues).
Mientras yo "disfrutaba" con mi ron con aguachirri que duró toda la noche, el resto de mis compinches se dieron un aunténtico homenaje a base de cerveza. El bajón llegó a las 8 de la mañana cuando cerraron la discoteca y nos fuimos a casa. Parecíamos el paso del Cristo de Medinaceli porque la vuelta se hizo realmente larga (a algunos más que a otros, creo). El bajonazo llegó a la hora de subir los 4 pisos que nos restaban y cruzarnos con un viejecillo que olía realmente mal, por cierto (a saber el pestuño a alcohol que llevabamos nosotros encima). El caso es que la casera se asoma con cara de mala ostia y empieza a contarme a las 8 y media de la mañana no se qué en portugues. Como veo que los energúmenos que me acompañan se han perdido por las escaleras (Silvia y Javi) y tan solo permanece a mi lado Cata, aunque con la misma cara de sorpresa que yo (pero con alguna copa más, también hay que decirlo), me decido a sacar a relucir mis conocimientos de inglés. "In english" dije yo todo orgulloso. Mi pronunciación mejoró ostensiblemente con las lengua ligeramente hinchada y sorprendentemente comprendí lo que trataba de comunicarnos, aunque el terror que se reflejó en mi cara no fue el de la ignorancia de no entender, sino el de que o pagabamos 20 euros/barba por pasar el domingo o a las 11:30 de la mañana tendríamos que marcharnos. El panorama era desolador, el puntillo que llevaba y que el frio no se había llevado desapareció ante la idea de dormir 2 horas y marcharnos. ¿Qué hacer? ¿Pagar 20 euros más o estar jodidos el día siguiente? Decidimos lo segundo. La tía no se lo creía, a mi la idea de dormir 2 horas después de una noche de alcohol y fiesta también me parece de locos, pero en esos momentos todos estabamos de acuerdo, además 20 euros era más de lo que pagabamos por persona los otros días, solo faltaba eso, que nos timasen.
Como nos echaban decidimos ir a saquear el desayuno que ofrecían gratuitamente y ponernos hasta las tetas, cosa que hicimos sin ningún pudor, aunque con un mal sabor de boca, y no por el alcohol: no había Colacao!!!!!! Tuve que mojar los croissants en leche sola, aunque en esos momentos me supo a gloria. Después corrimos a la piltra a aprovechar los minutos de sueño, ya que casi no se podía contar por horas. Ya eran las 9 pasadas.
Domingo
10:45: Diossssss el movil de Silvia sonando!!!!!! y yo soy el único que parece oirlo, ya que las otras camas parecen sembradas con los cadaveres de mis amigos. Me levanto y zarandeo a los energúmenos del lugar para tratar de despertarlos... sin exito. Les mando a donde todos sabeis y me voy a la ducha a ver si me despejo, cosa que sorprendentemente consigo. Vuelvo y los muy perros siguen empiltrados. La primera en salir del trance es Silvia, que trata de despertar a Javi en repetidas ocasiones, cosa que tardó en conseguir. Yo trato de hacer lo propio con Cata, pero Cata recibe el premio a perro del año y se levanta un par de minutos antes de las 11:30. En lo que recojemos y vamos saliendo se hacen las 12 menos algo, pero... ni siquiera salen a despedirnos!!!! y eso que llamamos dos veces al timbre!!!!! Que zorra, cuando llegamos montando bulla si que sale a recibirnos (no muy amablemente), pero cuando llamamos al timbre para decir adios, no. Pues a la mierda. Nos vamos sin despedirnos. Bajamos al coche, oímos ladrar a alguien desde lo que fue nuestra terraza y al momento el pijama que Silvia había olvidado en la habitación vuela 4 pisos hasta estrellarse en el coche de Javi, que estrategicamente estaba aparcado justo en la puerta del hostal. Tras varios improperios por parte de Javi y la maldita portuguesa loca diciendo que lo siente decidimos irnos de allí.
Con ojeras sobre una cara de degollamiento total toca ver lo que nos ha quedado pendiente: La catedral, por fuera. Vemos a un mendigo recostado con mejor pinta que la nuestra. No nos sorprende. Buscamos un sitio para comer y nos decidimos por un centro comercial. Vamos a un Vitamina donde lo que sirven son ensaladas y a duras penas introducimos los alimentos, muy a duras penas. Mi "salada havaiana" se hace realmente eterna, quizá debi pedirla con lechuga en vez de con pasta, y la salsa rosa que la acompaña no ayuda nada... la ensalaa me pudo, una pena.
Cogemos el coche y subimos hacia el parque de Eduardo VII, vemos que no hay gran cosa que ver, bueno, puede que si, pero la visión de un parque todo verde que se pierde en el horizonte no es compatible con el dolor de pies que tenemos. La alternativa es peor, ya que nos pateamos esa parte de la ciudad, las embajadas (al menos la de España) y toda la zona hasta que volvemos al coche, con un recital de quejidos de Silvia digno de mención.
Ya solo queda ir a Belem y ver lo que queda allí. Aparcamos y nos damos un monumental paseo. Descubrimos que la zona está llena de seguidores del Oporto, deben haber venido a jugar contra Os Belenenses, supongo yo. Llegamos al Monasterio de los Jeronimos a las 5:45, pero como somos unos cazurros vemos que lo cierran a las 5:30. Sin comentarios. Lo vemos por fuera y ya enlazamos el último tramo: El monumento a los conquistadores y la Torre de Belem (también cerrada). Tras sendas fotos, nos dirigimos a paso de tortuga a tomar algo a un chiringuito muy currado en forma de cristaleras y con pinta de muy caro. Bueno, mi capuccino en barreño me cuesta 2’5 euros, no está tan mal, en cualquier otro lugar del estilo por Madrid, el precio podría ser del doble falcilmente.
La última parada es para comprar pastelillos de Belem. Haciendo calculos para comprar algo de cenar y pagar los peajes descubro que no me quedará para gran cosa (Lo siento por los de la Uni, que no los podrán probar), me como uno allí y compro otros tres para mis padres y mi hermano. Nos subimos al coche y salimos escopetados para España. Son alrededor de las 10 (no lo recuerdo muy bien).
El viaje de vuelta no se hizo muy largo, pese a haber dormido unas 2 horas. Javi aguantó como un campeón conduciendo, yo iba al lado de copi, dandole toda la conversación que podía, aunque no era mucha, la verdad (sorry), Javi y Silvia, alternaron ratos de conciencia con largos sueños. No seré yo el que trate aquí de explicar la postura que toma Cata para intentar domir... que el os cuente. Tio, para mi que ibas sobao!!!
Poco más que contaros. Me lo he pasado muy bien, la ciudad me ha gustado muchisismo, no me ha salido por mucha pasta y he conseguido desconectar, que es lo que me hacía falta. Espero que los que me acompañaron también lo hayan pasado bien. A ellos y a todos los que hayan conseguido leer hasta aquí, un saludo y un enorme abrazo. Obrigado.

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