Sancti Petri 2007 (Lunes)
Se cumple justamente un año y un dia de aquellas "vacaciones" en Cádiz y después de tan prudencial periodo de tiempo, el psiquiatra al que visité tras las mismas me aconsejó volver a hablar sobre ellas. Dedicaré este precioso tiempo en el que no hago nada para relatar lo que se convertirá en uno de los verdaderos clásicos del terror, a pesar de que puede que a los lectores les cause risa, para mi fueron unos dias de auténticas pesadillas.

Todo comenzó un lunes a finales de junio. Pepecar nos esperaba amablemente para recoger un Zafira a primera hora de la tarde cerca de la Estación de Chamartin. Kike y Mario me esperaban en el metro de Plaza de España para irnos del tirón a Chamartin y seguidamente recoger a las chicas en sus respectivas casas. El primer error, no calculado por mi, fue el de quedar con dos cenutrios con el atuendo más fresco que tenía, una camiseta sin mangas a lo Mark Lenders y un pantalon de deportes. Las carcajadas tenían como objetivo de mofa mi persona, pero no me arrepiento en absoluto de mi camiseta, 5 horas conduciendo un coche en verano pueden con cualquiera y yo muy previsor, fui lo más ligero de ropa que pude. No cambiaría por nada mi atuendo si volviese a repetirse, puede que a los dos acompañantes si.

Tras aguantar el viaje en metro y cercanías con semejantes butrules, conseguí llegar con gran parte de mi paciencia intacta al lugar donde recoger el coche. No nos pusieron ninguna pega, algo extraño teniendo en cuenta el historial de viajes de Mario (un auténtico gafe) y mi propio historial, que también se las trae. Debía ser la calma que precede a la tormenta.

La primera parada era la gasolinera, donde repostar, y tambien fue el primer error. Preguntar a los transeuntes y llevar un gps pueden resultar suficientes para el hombre de a pie, no para mi, cuya capacidad de orientación es prácticamente nula. Tras dar varios rulos gastando gasofa y tiempo decidimos que ya echaríamos combustible cuando nos encontrasemos con una gasolinera, así que decidimos ir a nuestro segundo trayecto: el lugar de trabajo del hermano de Mario. El cometido de esta escala no era una despedida emotiva ni nada parecido, sino tan solo devolver la tarjeta de crédito que nos había permitido alquilar el coche. He de dar las gracias a Mario, porque después de lo ocurrido no me siento, ni me sentiré nunca más la persona más estupida del mundo, pensaré en este día para saber que siempre hay alguien más estúpido. No es por menospreciarle, pero confundir la calle Costa Rica con la calle Puerto Rico puede pasar, pero bueno, no se, que decir... me quedo sin palabras, juzgad vosotros mismos. Tan solo comentaros que el tiempo y la gasolina seguían consumiendose y no hacíamos más que dar vueltas por todos lados.


El siguiente paso era recoger a Ale a cuya casa resultó facil llegar. Llegamos a su casa tarde, muy tarde, mucho más tarde de la hora a la que habíamos quedado con ella, pero aún así, nos tuvo esperando cerca de 20 minutos. No esperaba que fuese puntual aún habiendonos retrasado nosotros mucho tiempo, siempre le pasa algo, que se le va a hacer, vive en una franja horaria diferente a la nuestra. Solo quedaba resignarse y esperar. Una vez decidió montarse en el coche, nos dirigimos a mi casa para recoger todos mis bártulos, que cuadriculadamente había dejado preparados para tardar lo menos posible, y así ocurró a pesar que hubo alguna pirula de por medio, no sería la única, al menos no me multaron, todo un consuelo. Desde hacía ya un rato Yan se estaba poniendo muy nerviosa y no dejaba de mandar sms, hacer llamadas perdidas y en definitiva, hacer lo que mejor sabe... quejarse.

Después llegamos a casa de Mario para recoger su equipaje y el de Kike, debido a la proximidad en cuanto a viviendas se refiere. Si ya lo dice el refrán: Dios los cria y ellos se juntan. En fin, una vez allí, sus padres bajaron a despedirle y a advertirme de que condujese con cuidado y todas esas cosas que dicen los padres y que la madre de Ale también me había comentado hasta la saciedad. Creo que hacían bien en dudar de mi. "Alberto al volante, peligro constante". Después de meter todo, sombrilla incluida, nos dirigimos raudos y veloces a la gasolinera del Paseo de Extremadura. Allí surgió uno de los momentos más cómicos cuando perseguí otro Opel Zafira que acababa de echar gasolina para preguntarle como se abría el depósito y tal. El caso es que una vez lleno el depósito, nos dirigimos hacia Fuenlabrada para recoger a la última pasajera del viaje, que seguía dando guerra por telefono con el clásico “me aburro”.

Llegamos a Fuenlabrada con muchos problemas, ya que nos perdimos, para variar, cogiendo la salida que no era, gracias a las indicaciones del “tonton”, si, nuestro gps era “tonton”, porque en alguna ocasión nos indicaba campo a través… que maravilla de tecnología. Después de más de dos horas de retraso con respecto a la hora prevista de salida, recogimos a Yan y nos dirigimos felices a seguir las indicaciones de nuestro bromista gps. Hubiese preferido ir por la A-5, que la conozco mejor, pero el “tonton” prefirió que fuesemos por la A-4.

Ya en la autovía todo iba perfectamente, conversando tranquilamente, salvo Ale, que se pasó, no solo ese trayecto, sino absolutamente todos, durmiendo en el coche. Decidimos parar en una gasolinera a las afueras de Córdoba para repostar gasolina y comer un poco, porque ya era bastante tarde, pasadas las 12 de la noche. Cada uno llevaba su propia comida, salvo Kike, del que finalmente nos apiadamos y ofrecimos algo que se pudiese llevar a la boca. Pero no sería esa la única vez que alguien pasaría hambre en aquel viaje. Los últimos días serían de auténtica crisis como más adelante relataré.

Tras llenar el depósito y la barriga ya solo restaba el trayecto Córdoba-Cádiz, que hicimos sin problemas, excepto en el momento de encontrar la dichosa urbanización de Sancti Petri. En una carretera digna de cualquier película americana de terror adolescente, con una estrecha calzada, encontramos un coche de la Guardia Civil. Me puse a rebufo cual Fernando Alonso y decidí tentar a la suerte, cruzar los dedos y poner las luces de emergencia. Muchos han muerto por menos. El caso es que uno de los agentes bajó del vehiculo y nos indicó muy amablemente el camino a seguir, ya que Ale seguía en estado catatónico o comenzaba a despertarse, que viene a ser lo mismo. Una vez dentro de la urbanización la cosa parecía fácil, pero no, tras dar un par de vueltas para que Ale recordase cual era exactamente el lugar, decidí parar en una rotonda en la que los encargados de seguridad, junto a unos guardias civiles pasaban la noche de guardia. El ver parar a un coche frente a un grupo de guardias civiles a las 2:30 de la madrugada y ver salir corriendo desde dentro del mismo a un individuo en pantalón corto y con una camiseta sin mangas provocó una reacción normal: Caminar hacia el coche en cuestión con la mano en la funda de la pistola… en ese momento decidí que debía dejar de correr y parecer un tipo elegante, puesto que mis huevos estaban de corbata. De nuevo la amabilidad surgió cuando comprobaron lo perdidos que estabamos y las indicaciones nos hicieron llegar por fin a nuestro destino. Dejamos el coche, sacamos el equipaje y entramos en lo que sería nuestro hogar durante 5 días y que Ale, amablemente había puesto a nuestra disposición. Gracias, Ale.

La tarea inicial era repartir los sobres. Las chicas durmieron en la habitación de matrimonio, con baño propio. Muy cucas ellas. Kike y Mario en una habitación con dos camas que daba bastante mal rollo, especialmente por la mecedora con la sabana encima que parecía sacada de la película “Los Otros” y el retrato de Ale pintado por una tía suya (creo), que parecía la niña de “El exorcista”. Una casa muy cinéfila. Yo dormiría en otro cuarto con dos camas, teniendo que soportar burlas y mofas por el color de las sabanas que tenía, cuadrados minúsculos rojos y blancos que le daban una tonalidad bastante rosita, además de que las camas de esa habitación no estaban hechas… yo y mi eterna suerte. Después de hacer las camas y como eran más de las 3 de la madrugada, decidimos que lo sensato era tomar unos mojitos caseros, que salieron muy fuertecitos por cierto, y empiltrarnos para aprovechar el día siguiente, así que hicimos lo propio y antes de las 4 y media ya estabamos todos en nuestros respectivos dormitorios. Soñé que serían unas vacaciones muy bonitas… que error !!!








